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3 de junio de 2014

Luciérnaga de la ciénaga

En la oscuridad de la plena noche, el silencio absoluto se corrompe. ¡Es la orquesta de la ciénaga!.

El calor aprieta y empuja a la cigarra a la trasnoche. Dos tortugas carey hacen de bongó para el manatí. ¡Suena un cha cha chá!

Mientras el día duerme, bailan las ranas con los mosquitos. ¡Mambos! ¡Salsas! ¡Bachatas!

Desde la marisma, los renacuajos gritan: ¡Es la fiesta del amor! y todos se alborozan, y todos ríen. Ninguno llora. Nadie siente dolor.

Usando el agua de espejo, la luciérnaga se refleja y se hace señales. Se habla a si misma, practicando una improvisada invitación.

Ya confiada en su intención, vuela a su par, y con su lucecita le dice: ¡Cariño mío! ¡Te invito a bailar! ¡Vamos a volar! ¡Hoy me quiero casar!

Batiendo sus alas, a la pista salieron a bailar, y confiando en su propio destino, desde ese día, nunca más se dejaron de alumbrar.

Marcelo Perrone

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